*** El espectro de la traición siempre ha merodeado cual hiena el justiciero accionar de los prohombres a través de la historia.  Fue  precisamente el Comandante Supremo Hugo Chávez quien nos lo ha hecho tener presente por ahora y para siempre

(Caracas, 10-01-2017).- Este miércoles se cumplen  158 años que la perversa “bala de la traición” acabó con la vida del  General Ezequiel Zamora  una tarde  del 10 de enero de 1860, quien sin siquiera sospecharlo se dirigió a la Plaza San Carlos (estado Cojedes) para  comandar en aquel  momento  el asedio a los restos derrotados del ejército de la oligarquía conservadora., viniendo el criminal proyectil disparado desde el campanario de la iglesia  de esta ciudad a truncar sus anhelos de “tierra y hombres libres”.

El espectro de la traición siempre ha merodeado el justiciero accionar de los prohombres a través de la historia.  Fue  precisamente el Comandante Supremo Hugo Chávez quien logró con su pedagógica insistencia que las  y los venezolanos lo tuviésemos presente por ahora y para siempre.

 Y hoy, a la luz de los hechos, cuando uno de ellos, en este caso el presidente Nicolás Maduro, logra con su claridad y su valiente conducción conjurar otro ataque inmisericorde al legado de Chávez como lo es el de la criminal guerra económica, cabe la referencia, pues de nuevo  la traición pretende salir  al ruedo disfrazada  de máxima lealtad, creyendo así y equivocadamente que volverá a engañar  a su amado pueblo.

Construir un poderoso movimiento popular

Jefe indiscutible del Ejército Federal, Zamora hizo de la guerra entre los conservadores y liberales un amplio movimiento popular liberador, que levantaba las banderas de la liquidación de la oligarquía y la entrega de la tierra a los campesinos. Los historiadores le han atribuido cualidades propias del héroe popular: valentía, constancia indomable y, como él mismo decía, horror a la oligarquía.

Ezequiel Zamora nació en la población de Cúa, estado Miranda, el 1º de febrero de 1817, y aunque no pudo desarrollarse del todo académicamente, a causa de su dedicación temprana al trabajo  para ayudar al sostenimiento de su familia, su afición a la lectura y la escritura le valió de mucho, al permitirle el contacto con las ideas políticas y entender la doctrina del Partido Liberal, así como leer acerca de la Historia Universal e informarse sobre la constante lucha de los pueblos por alcanzar la libertad.

Dedicado originalmente al comercio de víveres, su relación con el pueblo le hizo comprender el descontento social ante la crisis económica que asolaba al país desde la guerra de la independencia y, acogiendo las propuestas de Antonio Leocadio Guzmán, se une a él, convirtiéndose en el Jefe regional de los Liberales.

Surge la consigna histórica zamorana

El 7 de septiembre de 1846, Zamora se alza en Guambra y proclama las consignas “Tierra y hombres libres” y “Respeto al Campesino y Desaparición de los Godos”, ganándose a partir de entonces  la devoción popular y el nombre de «General del Pueblo Soberano».

Bajo su dirección, la campaña del Ejército Federal condujo a sucesivas derrotas de los llamados godos (oligarcas) en 1859. El 10 de diciembre de ese mismo año, en la batalla de Santa Inés (estado Barinas), quedaron diezmados los conservadores y se abrió el camino hacia Caracas,  a la vez que la victoria definitiva de su causa.

Después de Santa Inés, Zamora se dirigió hacia el centro del país a través de Barinas y Portuguesa, pero antes de aproximarse a Caracas resolvió desalojar a los restos conservadores de la ciudad de San Carlos.

Durante las acciones para la toma de la plaza, mientras dirigía una operación de aproximación a las trincheras enemigas, recibió un balazo en la cabeza disparado por un francotirador colocado en el campanario de la iglesia. El asesinato de Zamora fue producto de una conjura fraguada por la oligarquía conservadora, que se valió de una traición dentro de las filas liberales.

Se pierde el rumbo de una revolución popular

Su inesperado deceso cambió el rumbo favorable que llevaba la guerra para los federalistas y produjo la pérdida de quien para muchos fue el más importante líder popular del siglo XIX venezolano. Sus restos fueron trasladados a Caracas y colocados en la iglesia de la Santísima Trinidad, actual Panteón Nacional, el 13 de septiembre de 1872.

“No habrá pobres ni ricos, no habrá esclavos ni amos, no habrá poderosos ni desdeñados; a partir de ahora, todos seremos hermanos y nos trataremos de igual a igual, como hermanos”, fue la proclama más emblemática que, poco antes de ser asesinado, dejó por escrito el general Zamora.

El presidente de la República, Hugo Chávez Frías, lo dijo una vez: “Podemos y debemos decir a plenitud que Ezequiel Zamora fue uno de los pensadores y actores socialistas de mayor raigambre popular y que hoy sirve de nutriente y de sustento al proyecto socialista bolivariano, zamorano, inspirado en este gran líder, este gran campesino, este gran luchador por la libertad”.

Oficina de Gestión Comunicacional / Carlos machado Villanueva

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